martes, 25 de enero de 2011

La leyenda de Amarca.

En viejos romances canarios corría de boca en boca
la triste historia de Amarca, la doncella guanche.
Tan gallarda era su figura, y era tanta su belleza,es rapa
que llego hacer envidiada por todas las doncellas.
Tenia su morada en la montaña mas alta de la isla.
Su rustico albergue parecía como un nidal colgado
en las cresta de la montaña, para sustraerse a las miradas
y ambiciones de las rapaces, que se llevan a las muchachas
guapas,   Hasta el rustico hogar de la doncella llegó un día
Belicar, el último Mencey, Rey  y señor de estos dominios
y quedóse atónito y deslumbrado ante la extraordinaria 
belleza de la joven.



Desde aquel día creció su fama y corrió la noticia
por todo el menceyato, una condición tenia la moza
que contrastaban con lo humilde de su linaje.
Su natural y activo desdeño,  Amarca viese
continuamente asediada de amores por muchisimos
hombres y otras tanta sembró el dolor y la decepción
de sus amantes.
A quien amara  Amarca? se preguntaban los jóvenes
para quien sera el corazón de aquella belleza?
la respuesta no se hizo esperar mucho tiempo.
Uno de los mas aguerridos vasallos del rey, Garigaiga,
el pastor, había enloquecido por Amarca. Amarca esquivaba
su cariño; repudiaba su pasión des enfrenada.
Repelía al hijo del volcán, el de la tez morena y los
brazos recios como robles.
Enloquecido por el dolor de verse desdeñado, una tarde
mientras los horizontes teñían de sangre y el sol
moribundo plateaba las aguas del Océano como una
riera de luna en una noche de misterio, viose  que
Garigaiga en el borde de un alto precipicio, agitaba 
sus brazos como banderas.



Vióse arquear el cuerpo hacia delante, hundir la
cabeza sobre el pecho y partir veloz hacia el abismo.
La noticia  del trágico suceso no tardo en extenderse
por todas partes. Las mujeres, culpaban su egoísmo,
y a sus desdenes  atribuían la muerte del pastor.
De pronto Amarca desapareció,  nadie sabia cual
había sido el destino de la doncella. Solo un anciano
que una mañana la había visto descender de las cumbres
y caminar como una sonámbula hasta la orilla del mar,
hallabase en posesión del secreto.  Que no la buscasen,
más parecía decir sus labios fríos y trémulos plegados
para siempre y el anciano aquel lo contó todo.
Una semana al brillar los primeros rayos del sol,
vio que  Amarca se arrojaba al abismo, y después de luchar
con el bravo oleaje, una ola se la llevo mar adentro.
Era la época del "beñesmen",  de la  sazón y la riqueza,
eran los días de placidez y de luz, y todo sumióse en sombras
y lágrimas..... Amarca había aparecido muerta sobre
la arena de la playa, la había matado un remordimiento
muy hondo.
El mencey belicar mando que se cantasen tristes
endechas; que se en cediesen luminarias en los cerros,
y que los mas fornidos mozos, azotasen con sus varas
las aguas del mar.
Mando también que se ungiese su cuerpo con los más
olorosos perfumes, que no en vano era la flor más
preciada de la comarca.



Al cabo de los años cuando algún nocturno caminante
cruzaba las cumbre, un lamento extraño escalofriante,
detenía acongojado.
Era una voz débil apagada dolorida, que parecía surgir
del fondo del barranco.
Era aquel mismo clamor de suplica, de pena, de trágica
agonía que tantas veces balbucearon los labios febriles
de Garigaiga, el loco: "Amarca hermosa Amarca".......











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