sábado, 18 de junio de 2011

2º parte, leyenda guanche.

Fue mucha la sangre acumulada bajo el vuelo siempre siniestro
de los girres, Guise y Ayose comenzaron a sufrir reveses en la
contienda ya que los extranjeros andaban mejor armados.
Sin embargo los dos, soberanos de Fuerteventura veían
en sus derrotas el castigo  por haber desoído las  voces
proféticas de las pitonisas. Y así, primero el uno, después
el otro, ambos en compañía de buen número de adictos
resolvieron entregarse a los invasores.
Creyó entonces Tibiabin que se iniciaría una nueva
era de fecunda y apacible prosperidad para la isla.
Tal vez, como le  había oído a ciertos  europeos que
visitaron Fuerteventura antes de la expedición de
Juan de Bethencourt, empezaría el tiempo de paz
perpetua y de felicidad que traía consigo el bautismo.
Eso pensaba Tibiabin que secretamente guardaba las 
enseñanzas de aquellos europeos. Eso dijo su hija
Tamonante. Y eso repetían ambas a quienes aún se
negaban a rendirse.
Ya no Guise,  si no Luis. Tampoco Ayose, si no Alfonso.
Tales fueron los nuevos nombres impuestos al ser bautizados
a quienes habían sido los monarcas de Fuerteventura. Y
Con sus nuevos nombres, ellos que poseyeron toda la isla,
recibieron cuatrocientas fanegas de labrentío y frutal,
exentas de tributo durante nueve años. También Tibiabin
obtuvo merced de tierras de parte de los conquistadores.


Poco a poco propagaron los europeos sus modos y sus
normas, mientras recorrían la isla proporcionándose
orchilla y otros productos de los que sacaban pingues
ganancias. Aprendieron los isleños a confeccionar muchos
alimentos, a hablar en otro idioma y creer en otra religión,
a cultivar  los campos y a construir más amplias y mejores
habitaciones. Mas luego que Juan de Bethencourt delegara
en su sobrino, el tiránico Maciot el gobierno de la isla, 
y cuando fue escasa la orchilla y el sequero se agotó las
simientes, los europeos trataron con miserable desdén
a los isleños muchos de los cuales fueron presos y vendidos.
El miedo y las amenazas se establecieron en la isla.
Tibiabin y Tamonante, las pitonisas que vaticinaron
una nueva época, fecunda y feliz por amor de los extranjeros,
sintieron sobre ellas el peso del odio y el desprecio de su gente.
Como una maldición secreta pero ineludible.
Cruzó el viento sobre los jables (arena) de la isla, persistieron
aulagas y verodes bajo el cielo parco de lluvias,
Maciot de Bethencourt huyó y vino Hernán peraza a
sucederle, y aquella maldición nunca dicha que pesaba
sobre Tibiabin y Tamonante hubo de cumplirse.
Desembarcaron los piratas en las playas de Fuerteventura
y, con asombrosa rapidez, capturanron a algunos pastores
y varias mujeres. Tibiabin cayó prisionera.
El alisio hinchó las velas del navío cuando sin que pudieran
evitarlos los isleños, se alejó de la playa con rumbo incierto.
No soportó Tamonante el verse sola, apartada de su madre.
El dolor le fue adentrando hasta doblegarla, hasta confundir
sus sentidos y anegar su entendimiento como una nube
de calima. Nadie reparó en ella cuando se detuvo al borde
del barranco de janubio,
Ni siquiera supo por que se arrojó al vació..................




 

1 comentario:

  1. PRINCESITA X FIN LO TERMINASTES PLASS
    PLASSSSS PLAS MIL APLAUSOS
    jajajaajajjajajajja
    PERO NO SE YA COMO VA LA TENGO K LEER
    ENTERA JOLINES

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